Ramona Almonte Jaquez, born on April 20, 1935, in Rodeo, Monción, Santiago Rodríguez, Dominican Republic, passed away peacefully on June 3, 2026 in Providence, Rhode Island.
Her parents, whom she loved very much, were named Alicia Mercedes Jaquez and Andres Sinencio Almonte.
Ramona spent much of her life in the Dominican Republic and in Río Grande, Puerto Rico. where she built a close-knit community and formed lasting friendships. She was known for her gentle spirit, generosity, and warm smile. To many, she was a kind woman who always had candy to share, a loyal friend, and someone who freely gave of herself to others with kindness and love.
Her life was defined by hard work, resilience, and compassion. For many years, Ramona worked at a hospice center in Puerto Rico, where she provided dedicated and compassionate care to her patients. Those who knew her will remember her caring heart, selfless nature, and the many stories she shared with family and friends.
Ramona is survived by her beloved daughter, Miledy I. De La Cruz; her cherished granddaughter, Mileiry A. De La Cruz; and many loving relatives and friends whose lives were enriched by her presence.
A woman of faith, Ramona trusted in God’s love throughout her life and found strength in her beliefs. While her passing leaves a deep void in the hearts of those who loved her, her family finds comfort in knowing that she has been welcomed into God’s eternal embrace and is now at peace. She will be deeply missed, forever remembered, and held in our hearts until we meet again.
Ramona Almonte Jáquez nació el 20 de abril de 1935 en Rodeo, Monción, Santiago Rodríguez, República Dominicana. Fue hija de Alicia Mercedes Jáquez y Andrés Sinencio Almonte, a quienes siempre recordó con amor y gratitud. Falleció en paz el 3 de junio de 2026 en Providence, Rhode Island.
Ramona pasó gran parte de su vida entre la República Dominicana y Río Grande, Puerto Rico, donde creó una comunidad llena de cariño y amistades que duraron toda la vida. Era conocida por su dulzura, generosidad y hermosa sonrisa. Para muchos, fue la mujer amable que siempre tenía un dulce para compartir, una amiga fiel y una persona que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás con amor y bondad.
Su vida estuvo llena de trabajo, sacrificio y compasión. Durante muchos años trabajó en un centro de hospicio en Puerto Rico, donde cuidó de sus pacientes con dedicación y cariño.
Quienes la conocieron siempre recordarán su gran corazón, su espíritu generoso y las historias que compartía con familiares y amigos.
Le sobrevive su querida hija, Miledy I. De La Cruz; su adorada nieta, Mileiry A. De La Cruz; y muchos tamiliares y amigos que tuvieron la dicha de conocerla y compartir momentos con ella.
Mujer de fe, Ramona siempre confió en Dios y encontró fortaleza en Su amor. Aunque su partida deja un gran vacio en nuestros corazones, encontramos consuelo al saber que ahora descansa en paz junto al Señor. Su amor, su bondad y los recuerdos que nos deja vivirán para siempre en quienes la amaron. La extrañaremos profundamente y la llevaremos en nuestros corazones hasta que nos volvamos a encontrar.






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